— ¿Qué decidiste con respecto a tu embarazo? — preguntó Salomé.
— Lo tendré, la verdad es que mi bebé no tiene la culpa de nada, yo no soy nadie para prohibirle nacer — respondió Cecil, hablar de su bebé le gustaba. Se imaginaba tenerlo en sus brazos y cuidarlo como lo hacía con las gemelas de su amiga cuando eran recién nacidas. Sería la mejor mamá, ella se esforzaría para serlo.
— Sabes, no quiero presionarte ni nada — dijo Salomé mirando a Cecil — pero mis tíos son buenas personas, yo solo