IDRIS LYNCH
Mis caderas se comenzaron a mover, buscándolo mucho antes de que lo liberara de sus pantalones. Estaba enloqueciendo, suplicando por sentirlo apoderarse de mí. Quería derretirme en su cuerpo, ahogarme entre gemidos y placer. Estaba sedienta de él.
Tal vez no era el momento, ni el lugar indicado, pero ya no aguantaba más, y sus gruñidos contra mi oído precedieron la suave presión entre mis piernas, era él, entrando suavemente en mí, torturándome centímetro a centímetro, consumiéndom