IDRIS LYNCH
Annie retrocedió un par de pasos, estaba aterrada y desconcertada, pero supe de inmediato que se desmayaría en cuanto sus rodillas temblaron y su mirada comenzó a perderse.
—¡Evan! —exclamé llamando su atención en cuanto Annie se desplomó al suelo. Se plantó a su lado y la vio como si se tratara de un ratón muerto sobre la alfombra.
—¿No es Annie Taylor? —preguntó antes de beber su café.
—Sí… ¡Ese es el problema! —contesté perdiendo la cabeza.
Antes de que la gente llamara a una am