IDRIS DOYLE
Llegué al hospital, recorriendo los pasillos con rapidez, directo hacia la habitación de mi bebé. Al abrir me encontré a un hombre joven y agradable que le sonreía con insistencia a Oliver. Parecía encantado por conocerlo y no pude evitar notar sus cabellos rojos y despeinados que desentonaban con el pulcro y perfecto traje que lucía.
—¡Mami! —exclamó Oliver en cuanto me vio—. ¡Mira, es mi nuevo amigo! ¡Se llama Kyle!
El chico se puso de pie y al voltear hacia mí se quedó petrifica