IDRIS DOYLE
—¡Oliver! ¡¿Te gusta tu nueva habitación?! —preguntó el señor Thomas entrando lleno de emoción.
—¡Señor Harrison! —exclamó mi pequeño, rodando sobre el colchón para poderse acercar.
—¿En qué quedamos, caballero? —El señor Thomas se inclinó hacia él, con una sonrisa cálida, pero ambas manos en la cintura, fingiendo descontento—. ¿Cómo prometiste llamarme?
—¡Abuelito! —contestó Oliver antes de abrazar al señor Thomas.
—Mi niño bonito, aquí te sentirás mejor. Te prepararán la comida