LIAM BLAKE
Cuando estaba buscando mi siguiente objetivo, las suaves manos de Idris se aferraron a mi brazo, llamando mi atención, clavando sus hermosos ojos azules en mi rostro y calmando lentamente mi furia, dominándome, sedándome con su simple tacto.
—Ya basta… No sigas… —pidió angustiada y de pronto ya no me sentía furioso, por el contrario, compartía su melancolía.
Respiré profundamente y volteé hacia la encargada que se había tirado al suelo a llorar. —Dile al dueño de la tienda que me ma