75. Zaira mi mujer.
Leonardo
Sentía el alma a punto de salirse de mi pecho. El aire me pesaba, como si cada respiración costara más de lo normal. Aún no podía decirle nada a esa mujer. Tenía demasiadas ganas de restregarle en la cara lo que había hecho, de obligarla a decirme la verdad, de sacarle a la fuerza dónde demonios tenía a mi mujer.
Pero Marcos, con esa maldita calma que siempre lo caracterizaba, me sugirió algo distinto.
Pensar con la cabeza y no con la rabia. Me dijo que intentara sacarle la verdad poco