62. La odio
Zaira
Estaba tranquila, y eso era lo que más me agradaba. Ahora vivoa aquí junto a mamá y a mi sobrinito; nadie nos interrumpía, nadie nos molestaba.
Mamá ya se había acostumbrado a preparar maní y palomitas dulces, junto con palomitas de mantequilla, para ir a la escuela de mi sobrino y ofrecerlas. El pequeño también ayudaba mucho. En mi caso, tenía bastante trabajo, porque la vecina había traído personas para que les arreglara vestidos rotos o pantalones que necesitaban ajuste o costura. Eso