52. Lo único que importaba era mi bebé.
Zaira
—Mamá… por favor, ayúdame —supliqué con la voz quebrada mientras golpeaba la puerta con insistencia—. Madre…
No sé cuántas veces llamé antes de que finalmente la puerta se abriera. Mamá apareció frente a mí con el rostro alterado, apenas me vio retorciéndome de dolor en el pasillo.
—¿Qué tienes, Zaira? —preguntó alarmada, sosteniéndome antes de que mis piernas cedieran.
El dolor era insoportable. Sentía el vientre duro, ardiente, como si algo se contrajera sin control dentro de mí. El mar