60. Frustración
Leonardo
Desde que se fue y ni siquiera quiso regresar, no la culpo. Tal vez fue lo mejor. Mi vida ya no es la misma.
La amenaza del padre de Angélica seguía pesando sobre mí como una soga al cuello. Filtrar aquellas imágenes —yo en el bar, saliendo junto a Zaira— podía destruir lo poco que aún sostenía mi museo. Y no solo eso, lograron manipularme. Me acorralaron de tal forma que acepté casarme, dejar que ellos hicieran lo que quisieran.
Pero sabía que, al final, quien pagaría las consecuenci