17. Leonardo me gusta.
Zaira.
Me estaba dejando llevar por sus caricias. Mi cuerpo desnudo reaccionaba a cada roce de sus manos; sentía mis pechos sensibles bajo sus dedos mientras descendía hacia mi intimidad y me penetraba suavemente con ellos. Apoyé mi cabeza sobre su hombro desnudo, cerré los ojos y me rendí a la sensación. Era la primera vez que me permitía sentir algo así, tal vez porque quería comprobar qué provocaba en mí este hombre que, aunque al principio fue un completo desconocido, ahora ya no lo era tanto… o quizá porque ya me había convertido en su amante.
Intentaba digerir la noticia que había visto horas atrás, pero me obligué a concentrarme en sus toques, en sus labios recorriendo mi cuello, en esa electricidad que me explotaba por dentro. ¿Cómo era posible sentir algo tan intenso? Tenerlo tan cerca me envolvía en un momento abrasador de placer y lujuria. Sus palabras, diciéndome que le gustaba, me hacían sentir especial… algo nuevo para mí, porque nunca me había enamorado y nunca nadie me