MAGNUS
El golpe de mis puños contra la pared resonó como un disparo dentro de mi oficina. El eco fue tan brutal como el estallido de rabia que me desgarraba por dentro. Todo el escritorio voló por los aires en cuestión de segundos: papeles, libros, objetos de valor, todo estrellándose contra el suelo con un estruendo que ni siquiera logró ahogar el grito que me brotó del pecho.
—¡MALDICIÓN!
Mis nudillos sangraban. La piel abierta palpitaba con cada latido del corazón. La pared, ahora con un agu