EUNICE
El corazón me retumbaba en el pecho, atronando como un tambor de guerra, al ritmo de la locura que nos rodeaba. Los sonidos de la batalla me envolvían: gritos de guerra, aullidos dolorosos, el chocar de colmillos y acero. Pero en medio de todo, solo una cosa ocupaba mi atención: Akmar.
Yacía a mi lado con la pata delantera cubierta de sangre. Su cuerpo temblaba, y cada vez que intentaba moverse, un rugido bajo y lleno de dolor emergía desde lo más profundo de su garganta. Me arrodillé a