EUNICE
El aire en la entrada de la cueva era espeso, como si la tierra misma contuviera la respiración. Frente a mí, la boca de la montaña parecía un gigante dormido, esperando abrirse para devorarnos o para mostrarnos sus secretos.
—Muy bien —dije, alzando la voz—. Antes de entrar, deben saber que hay reglas en este lugar. No se separen. No corran si no es necesario. Y si llega a temblar, busquen una salida de inmediato… cualquiera menos la del centro. Esa conduce al mundo de los humanos. Si