—Soy Livia.
Livia.
Caminó hacia mí con la seguridad de quien sabe que pertenece a este lugar mucho más que yo. Su cabello castaño oscuro estaba recogido en una trenza apretada, y su mirada tenía un brillo de desafío.
Cuando se detuvo frente a mí, hizo una ligera reverencia. Una burla descarada.
Lo supe por la forma en que sus labios se curvaron en una sonrisa apenas perceptible.
—Luna —dijo con voz melosa.
No respondí.
Simplemente, le sostuve la mirada, dejando que el silencio hablara por mí. L