AIDAN
La oscura frialdad de la montaña nos rodeaba mientras mi lobo de invierno y yo, nos internábamos más y más a través de los túneles tortuosos.
Parecía que caminaba a ciegas, sin embargo, no era el caso.
Una fuerte energía me llamaba a continuar en una dirección exacta.
No solo a mí, Theo y Vlad, mi lobo Alfa espiritual, estaban nerviosos y me incitaban a apurarme.
“Aidan, hay olores extraños delante, pero uno en particular es… delicioso” la voz lobuna de Vlad me advirtió.
Prácticamente, co