NARRADORA
Algo se acercaba a toda prisa al convoy, estacionado en la estrecha carretera de tierra.
Patas veloces se movían en su dirección y el viento traía el aroma de lobos poderosos.
— ¡Alarma, todos de pie! ¡Maldici0n, levántense, que nos atacan!
Gritaron llamando a todos, que a penas y tuvieron tiempo de quitarse el sueño de encima, cuando se vieron rodeados por ojos lobunos y caninos amenazantes desde las penumbras del bosque circundante.
— Hermanos lobos, ¿qué desean? ¡No hemos entrado e