— ¡Pase por el pasillo y al fondo hay una puerta que lleva al baño!, ¡rápido! – el hombre al final cede y Diana me aguanta, porque claro, yo casi no puedo caminar de los dolores y pasamos a través de unas cortinas hacia un estrecho pasillo.
En eso llega otro cliente y el hombre se pone en lo suyo, dejándonos sin vigilancia.
De la tienda hacia acá atrás no se ve nada, a menos que venga intencionalmente.
— Listo, Diana quédate aquí a vigilar delante de la puerta del baño, ¡a penas escuches movim