NARRADORA
— ¿Estás segura de que las cosas sucedieron así? Vuélveme a mostrar el brazo.
— Sí, sí, señora, le iba a poner las sales como me ordenó, pero esa mujer entró hecha una fiera y me quería obligar a meterme en el agua, parece que nos había escuchado.
— Forcejeamos y de repente, fue como si un hierro a fuego vivo me estuviese quemando por donde ella me estaba agarrando.
— Mire, mire usted misma, las marcas que me dejó la m4ldita – Lorena, arrodillada, le mostraba a la jefa de doncellas,