No me importaban, yo solo corrí por el pasillo oscuro y ya podía ver mi habitación.
— ¡Abre maldici0n! - movía el pomo de la cerradura con fuerza y las manos me sudaban.
Mal momento para que esta vieja puerta se volviese a trabar.
— ¡Ahí está! – venían desde el final del pasillo y cuando casi me encontraba perdida, logré abrir la puerta y entrar de una al cuarto en penumbras.
Se la cerré en la cara a una de las lobas rabiosas, que seguía gritándome insultos e intentando entrar a la fuerza.
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