No pude evitar asombrarme.
Estábamos tan íntimamente cerca, que mi corazón latía como loco y tenía miedo que lo escuchara.
Los húmedos toques de su lengua me recorrían con erotismo y cerré los ojos sin poder evitarlo, gimiendo, cuando la suave punta recorrió la esquina de mi boca y comenzó a bordear mi labio inferior.
Sus afilados caninos me rozaban de manera peligrosa y oscura.
Abrí los labios, deseosa de más contacto.
Había dado pocos besos en mi vida y solo a mi ex mate, sin embargo, nada