La ciudad de Bruselas se desangraba bajo la luz fría de la luna, que iluminaba la autopista vacía, el asfalto reflectante y las sombras alargadas de algunos árboles que parecían ser testigos de lo que sucedía en su interior. En el horizonte se veía un resplandor rojo distante, causado por el caos que la lucha de Vladislav y Christian había dejado atrás.
Adara había escapado, pero la guerra entre los dos hombres, entre los dos mundos, apenas comenzaba. El rugido de las bestias resonaba en el air