A pesar de sus dudas, el cuerpo de Adara no reaccionaba como ella quería; más bien, estaba respondiendo de manera instintiva, como si él fuera un imán, y ella no pudiera evitarlo.
Vladislav había tomado su rostro con una mano, y la electricidad en el contacto fue tan intensa que sus piernas vacilaron, aunque se mantuvo erguida. Sus ojos se encontraron, y por un breve instante, Adara pensó que podía ver el abismo detrás de su mirada. Un abismo lleno de oscuridad, de secretos enterrados, pero tam