Esa tarde, mientras Paul descansaba en la estrechez asfixiante de la celda, lo visitó el recuerdo que durante años había intentado mantener enterrado: la muerte de Salvatore, su padre. Hasta entonces se había prohibido pensarlo demasiado. Después de marcharse del pueblo, decidió no saber más de él. Se fue a la ciudad con la determinación obstinada de no repetir su historia… y terminó, irónicamente, caminando exactamente por el mismo sendero.
A veces creía que no había elegido nada. Que el des