Claudia llegó a su casa con el brillo en los ojos, un resplandor que delataba la plenitud que llevaba dentro. Paul era realmente maravilloso; lo había sentido profundamente en su ser. Lo amaba… amaba al hombre que la había llevado al cielo por primera vez en su vida.
Gertrudiz la recibió con el almuerzo ya servido. Claudia tenía tanta hambre que habría sido capaz de devorarse un león si se le ponía enfrente. La mujer la observó durante unos minutos em silencio, y Claudia terminó por notar su i