Claudia se levantó de la cama, vio la hora, estaba exhausta de pensar, de buscar una posibilidad en la que Paul quedara bien parado, pero no lo lograba. Aparentemente la única alternativa que le quedaba, era asumir que él le había engañado, pero lo que más le desconcertaba, era saber que había sido capaz de ocultar que tenía una hija.
Se levantó, fue hasta el baño, abrió el gabinete y sacó el frasco de ansiolíticos que había tomado cuando cayó en una profunda depresión, luego de descubrir la