Mónica se levantó y caminó delante de Claudia, sonriendo ufana al comprobar que su media verdad había dado resultado.
Después de que Mónica se marchó, Claudia fue hasta su cuarto. Cerró la puerta y se dejó caer sobre la cama, sintiendo cómo el pecho se le oprimía hasta dolerle.
Se cubrió el rostro con las manos y comenzó a llorar en silencio.
No podía creer que, una vez más, estuviera atrapada en medio de una mentira.
¿Acaso el amor no estaba hecho para ella?
¿Acaso siempre tendría que con