Ahora, frente a Thiago, Verónica volvió a sonreír.
Lo observó con una calma inquietante, como quien contempla algo que ya le pertenece o que está a punto de perder sin que le importe demasiado.
Deslizó sus dedos por la corbata que aún sostenía, aflojándola apenas, sin prisa.
—Eres un alumno difícil… —murmuró con suavidad—. Pero siempre has sido mi favorito.
Thiago dejó escapar una leve risa, intentando recuperar el control del juego.
—Entonces no me castigue tan fuerte, profesora.
Ella so