Era fin de semana y yo solo quería hacer cosas normales con él, olvidar, aunque fuera por un momento, todo lo que había pasado. Así que lo invité a una cita. Giorgio aceptó sin dudarlo.
Fuimos al supermercado más cercano a comprar algunos víveres. Por la manera en que miraba a su alrededor, estaba claro que jamás había estado en uno.
—¿Qué te gustaría comer hoy? —le pregunté mientras tomaba un enorme pepino y lo agitaba ligeramente.
—Creo que soy yo quien debería hacerte la misma pregunta, pero