El sonido distante de coches rompía el silencio pesado de la carretera. Uno de los hombres vestidos de negro, con un aire tan peligroso como su mirada fría, se acercó al coche abandonado al borde del camino. Sus botas resonaban contra el asfalto mientras avanzaba con calma, como un depredador que sabía que su presa ya estaba acorralada.
Se inclinó para mirar dentro del vehículo y ahí estaba, un pequeño bolso de mano dorado, brillante incluso en la penumbra. Lo tomó sin prisa, como si saboreara