Raymond tensó la mandíbula, su ceño se frunció, y sus ojos brillaron de furia.
Ayseli, apenas consciente, escuchó esas palabras como desde un túnel.
«¿De qué otras habla…? ¿Qué enfermedad… y qué encubadoras…?»
El pensamiento fue confuso, alarmado. El término "encubadoras" le punzó el pecho.
—Ella ocupa una observación constante, mi Rey… —siguió el médico—. Reposo absoluto, por ahora su pulso es estable. El latido de… de los cachorros es fuerte.
Raymond inclinó la cabeza un milímetro, sin