Capítulo 41– Cicatrices que no se ven.
Esa noche, el valle había quedado en calma. Los híbridos seguían rondando más allá de las montañas, pero la barrera de árboles y roca ancestral los mantenía alejados. Las cuatro lobas dormían en los cuartos que Lara había preparado para ellas, exhaustas de entrenamiento. Héctor patrullaba la periferia con algunos guerreros. Los príncipes habían regresado a la casa de huéspedes, aunque ninguno de los dos lograba conciliar el sueño con facilidad.
En la residencia del alfa, la luna llena se filtrab