La tarde caía sobre el valle del norte, tiñendo las montañas de un color rojizo que parecía un presagio. El entrenamiento había terminado hace poco, y las cuatro lobas descansaban en la casa principal bajo la vigilancia de Lara y Héctor. Lyra aún sentía las sombras vibrar bajo su piel, Selene masajeaba sus brazos fríos, Kariane intentaba que sus manos dejaran de temblar por el exceso de calor, y Zoe dormía profundamente, exhausta, abrazada a una manta.
Mientras tanto, Draven y Alaric caminaban