La Roja seguía temblando cuando Lyra la levantó del suelo. Sus ojos, aún encendidos, buscaban algo firme, algo real que la anclara al mundo. Lyra le pasó un brazo por los hombros y la sostuvo contra su pecho.
—Vamos —susurró con una calma que no sabía que poseía—. Necesitas descansar.
La joven asintió débilmente, exhausta tras su despertar incompleto. Su piel ardía todavía, pero ya no con el fuego mortal de antes… sino con un calor constante, profundo, como si un pequeño sol latiera dentro de e