La arena explotó donde mis pies habían estado un instante antes.
Me lancé detrás de una roca del tamaño de un automóvil, el impacto contra la piedra arrancándome el aire de los pulmones. A mi lado, Dante rodó y se puso en cuclillas, sus ojos ya brillando con el dorado más intenso que precedía a la transformación.
—¡Arqueros, ahora! —Su rugido cortó el caos.
Desde las rocas elevadas que flanqueaban la playa, las primeras flechas silbaron hacia el cielo. Tres helicópteros ajustaron altura, retroc