El remo se partió en mis manos.
No se quebró limpiamente. Se astilló, las fibras de madera desgarrándose con un chasquido que sonó obsceno en el silencio tenso del amanecer. La mitad superior cayó al agua con un chapoteo que pareció burlarse de nuestro esfuerzo.
—Mierda. —La palabra salió entre mis dientes apretados, el aliento condensándose en vapor blanco.
Dante remaba en el otro lado del bote con movimientos mecánicos que habían perdido ritmo hace una hora. Kael ocupaba la posición media, su