Nadia no lo suavizó.
Era la clase de mujer que no desperdiciaba palabras en preparar el terreno para las verdades que duelen. Las soltaba directas, con la misma economía con que enrollaba y desenrollaba los pergaminos. Como si creyera que el dolor diferido era más cruel que el dolor inmediato.
—El último intento de unir los cinco linajes fue hace doscientos años —dijo—. Llegaron más lejos que cualquiera de los anteriores. Cuatro de los cinco líderes firmaron un pacto. Establecieron un protocolo