El primer lobo esclavizado me alcanza en tres zancadas.
No gruñe. No amenaza. Solo ataca.
Su mandíbula busca mi garganta con precisión quirúrgica.
Activo Forma de Luna. Solo las piernas. Velocidad lupina concentrada.
Me deslizo bajo su mordida. Mis garras encuentran su vientre expuesto.
Sangre. Caliente. Roja contra pelaje gris.
El lobo ni siquiera grita.
Solo retrocede. Recalibra. Ataca de nuevo.
—Son autómatas. —Sera derriba a dos con un movimiento que habría matado a cualquier oponente norma