Valentina abrió aquella carta y comenzó a leer en voz baja.
—Querida nuera, sabes que te quiero como a una hija y es por eso que no quise lastimarte al contarte sobre mi enfermedad, no quería ser una carga para ti. He querido confesarte un gran secreto, pero quizá te alejes de mí y me separes de mis nietos. Es por eso que, ahora que según mi estado de salud, yo ya no esté presente, te diré que: mi hijo está con vida.
Sus manos temblaron, el papel cayó al suelo y ella se sentó sobre la cama. No