Archer cargó a Ermys entre sus brazos como si fuera su razón de existir. Con un cuidado reverente y la depositó sobre la cama, acariciando la curva de su rostro con una devoción que estremeció su alma. Sin poder resistirse, se deslizó a su lado, acortando la distancia hasta que sus labios rozaron los de ella en un beso profundo, lento, lleno de todo el amor que las palabras jamás podrían nombrar.
—No sabes cuánto te he extrañado... — susurró Archer, con la voz cargada de emoción.
Ermys, con una