Capítulo 72. Ella no es Irina.
Izan
Cuando escuché la orden de Dante, algo dentro de mí se revolvió.
“Llévensela y castíguenla como quieran. Solo no la maten". Ordenó bruscamente.
La orden de Dante resonó en mis huesos como un disparo en la noche.
Mis puños se apretaron solos. Elizaveta, con esos ojos grises que parecían un cielo gris y tormentoso, no suplicó. Ni una lágrima. Solo se quedó quieta, como si ya hubiera aceptado su destino.
Algo en mi pecho se retorció.
No dije nada. No era mi lugar. Pero cuando Edoardo l