Capítulo 73. No puedo más… no aguanto más.
Elizaveta
El primer latigazo no dolió tanto como el último. Porque aunque el cuerpo se adapta al dolor… pero el alma no.
Ellos me gritaban, me escupían, se reían.
—¡Pide clemencia, rusa de mierda! —decían—. ¡Pídelo!
No lo hice.
No porque no quisiera, sino porque… no tenía voz.
Edoardo con una expresión de burla, llamó a otro par de hombres y se orinaron encima de mí, mientras uno de ellos grababa toda la humillación que me hacían.
El acto me provocó tristeza, rabia, náuseas, pero me negué a v