Capítulo 53. El verdadero juego de Nadia.
Trina.
Me desperté con el calor de su cuerpo pegado al mío. Mi respiración se detuvo por un instante, mi cuerpo quedó inmóvil, mientras la calidez de la piel masculina envolvía la mía.
Era Dominic.
Giré apenas la cabeza y lo vi. Dormía profundamente, su brazo rodeándome como si temiera que me fuera a escapar. Por un momento, me quedé quieta, observándolo. Así, en la quietud del sueño, parecía vulnerable. Nada que ver con el hombre cruel que había visto matar con tanta facilidad como respirar.