Capítulo 47. Un dios del caos.
Trina
Dominic recorrió mi rostro como buscando algo, yo no le bajé la mirada, lo observé de manera retadora.
Por un momento, pareció dudar, como si no supiera qué hacer conmigo. Pero entonces, esa duda se desvaneció, reemplazada por una determinación feroz.
—Vas a aprender, Trina —dijo, su voz baja, pero llena de promesas oscuras—. Vas a aprender quién manda aquí, ya que no lo quisiste hacer por las buenas, lo harás por las malas. Vas a terminar suplicándome piedad.
—Ya veremos, Dominic —respon