Capítulo 36. Sangre contra sangre.
Izan
No vi venir el cabezazo hasta que el crujido del impacto resonó en mis oídos.
El dolor me estalló en la frente como una bomba. Retrocedí un paso, sintiendo la sangre caliente, resbalarme por la ceja. Dante no estaba jugando.
Le lancé una mirada cargada de odio, limpiándome la sangre con el dorso de la mano. Ese cabrón quería pelea. Y yo nunca retrocedía ante un desafío.
—¿Te volviste loco?! —gruñí, avanzando hacia él con los puños cerrados.
—¡No, pero tú sí, hijo de puta! —rugió antes de l