Capítulo 144. La condena del amanecer.
Elizaveta Petrov
El aire en Siberia corta como vidrio, pero ya no me importa.
Me mantengo de pie junto a la ventana, envuelta en uno de los abrigos gruesos que Irina ha conseguido para mí. Las manos me tiemblan apenas, no por el frío, sino por la tensión que se cuela en cada fibra de mi cuerpo.
Mañana era el día.
Después de semanas arrastrando este cuerpo roto y soñando con una salida que no parecía real, finalmente había llegado.
Solo es cuestión de horas para irnos y dejar todo eso atrás.
Ir