Cap. 66. Mentiras en la sala.
Había vuelto a colocar mi antiguo número por costumbre, por lo que no me pareció extraño que el número en el identificador me resultara familiar.
Tomé el aparato y, al contestar, reconocí que se trataba de Javier, quien me saludó con un simple: —Hola, ¿cómo estás?
Mi cuerpo se tensó de inmediato. Me sentí extraña hablando con él, como si hubiera sido una traidora malagradecida. Una persona que no había sabido valorar a quienes realmente habían estado a su lado y una que los abandonaba a la pri