NARRADOR
En una celda solitaria alumbrada solamente con un foco, sentada en la cama abrazándose a sí mismo, estaba toda temblorosa sintiéndose con escalofrío y con fiebre. Adrede el Don había dejado pasar tres horas. La herida se había infectado ya, la sangre, aunque muy lentamente seguía supurando.
Cuando terminó de arreglar algunos de sus negocios estaba en compañía de Mijaíl que se había dormido en uno de los sofás del despacho de Lucca. Fue a levantarlo con un beso deseoso, después salieron