Unos días pasaron y una grata noticia recibimos todos, la señora Alessa era dada de alta, el señor Alexander salía con ella sentada en la silla de ruedas, sonriente, todos fuimos a abrazarla, los niños debían quedarse un tiempo más, estarían vigilados, bien cuidados, Alessandro en cuclillas allí abrazando las piernas de su madre decía.
—Mamá, por fin, estás bien, mis hermanitos se van a quedar, yo vendré a darles una vuelta todos los días hasta que salgan
Mara estaba con su prominente vientre j