CAPÍTULO 77 — La trampa de la Amatista
Lucy emergió de entre dos cabañas. Su aspecto era deplorable: su ropa estaba sucia, su cabello enredado y sus ojos castaños, antes dulces, ahora ardían con una luz errática y febril. Se abrazaba a sí misma, temblando violentamente, y sostenía con fuerza el colgante de amatista que Ethan le había regalado.
— ¡Kerana! ¡Gracias a la Luna que te encuentro! —exclamó Lucy, su voz rompiéndose en un sollozo que sonaba demasiado real.
Kerana dio un paso hacia ella,